La historia de

Todo era más simple… y más peludo

Todo era más simple… y más peludo

Camila y Sergio se conocieron cuando eran niños. De esos que terminan llenos de tierra, con las manos pegajosas y un perro siguiéndolos a todas partes. No tenían idea de nada, pero ya sabían lo que más les gustaba: rodearse de perros.

Pasaban horas en la casa del árbol, poniéndoles apodos a los perros del barrio, organizando paseos caninos y creyendo que podían entender cada ladrido. No sabían que eso iba a marcarles el camino. Solo estaban siendo niños... niños con una clara preferencia por los de cuatro patas.

Un problema con olor a premio

Un problema con olor a premio

Los años pasaron, pero algo nunca cambió: su obsesión por los perros. Ya adultos, entre planes, aventuras y paseos al aire libre, se dieron cuenta de que muchos de los snacks para perros eran cualquier cosa… menos honestos. Prometían mucho, pero al leer la lista de ingredientes, algo no cuadraba. Mucho relleno, muchos aditivos, poco de lo que realmente hace bien. Y eso, simplemente, no iba con ellos.

Hora de cambiar las reglas del snack

Hora de cambiar las reglas del snack

Como todo en su vida, lo enfrentaron con curiosidad y corazón. Si no encontraban snacks buenos de verdad - que cuidaran y no solo entretuvieran -, los harían ellos. Así empezó todo: investigando, cocinando, probando. Soñando con snacks reales, funcionales y sabrosos.

Misión: snacks honestos

Misión: snacks honestos

Querían algo simple:
Snacks que uno le daría con los ojos cerrados al perro que más ama. Pollo, arándanos, avena, miel. Ingredientes reales, de calidad humana y sin palabras raras. Snacks que huelen rico, saben mejor y sí: hacen bien.

Primero, un montón de “no se puede”

Primero, un montón de “no se puede”

Fueron a hablar con proveedores, fábricas, expertos.
Muchos dijeron que no era viable. ¿Ingredientes frescos? ¿Horneado lento? ¿Sin harinas procesadas ni conservantes raros? Que no, que imposible, que muy caro. Pero Camila y Sergio ya sabían desde niños que lo que vale la pena nunca es fácil. Así que no se rindieron.

La receta que mueve colas (y pide más)

La receta que mueve colas (y pide más)

Después de insistir, ajustar, hornear y probar… lo lograron. Snacks con pocos ingredientes, funcionales, con un sabor que no deja ni migas. Los primeros en aprobarlos: Panko y Trapo. Y si ellos dicen que sí, se respeta.

Un propósito más grande que un premio

Un propósito más grande que un premio

Desde el primer día, sabían que esto no era solo vender snacks. Era cuidar, compartir y devolver. Por eso, por cada kilo de snacks vendidos, ellos donan un kilo de comida a perros sin hogar.

No es un extra. Es parte del plan. Porque si algo tenían claro desde niños, es que todos los perros merecen una vida digna, sin importar dónde les tocó nacer.

El momento de la verdad (y la primera mirada de “dame otro”)

El momento de la verdad (y la primera mirada de “dame otro”)

Producieron su primer lote con el corazón en la mano y las galletas en la bolsa. Ver a sus perros mover la cola, pedir más y dormirse tranquilos fue todo lo que necesitaban para saber que iban por buen camino.

Lo que empezó con dos, ahora es de todos

Lo que empezó con dos, ahora es de todos

Hoy Balto & Barry no es solo de Camila y Sergio. Es de todos los que creen que los perros se merecen algo mejor. De los que saludan con la voz más aguda del mundo cuando lo ven a uno. De los que saben que un snack no es solo un premio. De los que saben que los pequeños momentos, hacen lo grande en su vida.